2/4/09

"IMAGEN" SEGÚN LÉVINAS

Enmanuel Lévinas en La realidad y su sombra (Madrid, Trotta, 2001) reflexiona sobre la relación entre la realidad, la imagen (su apariencia) y el arte.

Por ahora me conformaré por traer unas citas que me hacen pensar. Ya las comentaré más tarde.

"Se subestima el acabado, signo indeleble de la producción artística, a través de la cual la obra permanece esencialmente desprendida" (p. 45).

"Si el arte consiste en sustituir el ser por la imagen, el elemento estético es, conforme a su etimología, la sensación. El conjunto de nuestro mundo, con sus datos ya elementales ya intelectualmente elaborados, puede tocarnos musicalmente, hacerse imagen.

...El objeto representado, por el simple hecho de hacerse imagen, se convierte en no objeto; la imagen, como tal, entra en unas categorías originales que nos gustaría exponer aquí. La desencarnación de la realidad a través de la imagen no equivale a una simple disminución de grado. Resulta de una dimensión ontológica que no se extiende entre nosotros y una realidad que captar, sino allí donde el comercio con la realidad es un ritmo" (p. 51).

Semejanza e imagen

"La fenomenología de la imagen insiste en la transparencia...

Teoría de la transparencia establecida por reacción contra la de la imagen mental -cuadro interior- que dejaría en nosotros la percepción del objeto.

La imagen difiere del signo o del símbolo por la manera en que se relaciona con su objeto: por semejanza.

La semejanza no como resultado de una comparación entre la imagen y el original, sino como el movimiento mismo que engendra la imagen" (p. 53).

"La imagen es, se puede decir, la alegoría del ser".

"Contemplar una imagen es contemplar un cuadro. Es a partir de la fenomenología de un cuadro como hay que contemplar la imagen y no a la inversa" (p. 53s).

"...La conciencia de la representación consiste en saber que el objeto no está ahí. Los elementos percibidos no son el objeto, sino como sus "guiñapos", manchas de color, trozos de mármol o de bronce. Estos elementos no sirven de símbolos y, en ausencia del objeto, no fuerzan su presencia, pero por su presencia, insisten sobre su ausencia...

El cuadro no nos conduce, pues, más allá de la realidad dada, sino, en cierto modo, más acá. Es símbolo al revés. Libre es el poeta y el pintor que ha descubierto el "misterio" y la "extrañeza" del mundo que habita todos los días de creer que ha superado la realidad".

"La idea de sombra o de reflejo a la que recurrimos -de un doble esencial de la realidad por su imagen, de una ambigüedad "más acá"- se extiende ella mism a la luz, al pensamiento, a la vez interior. La realidad entera lleva en su cara su propia alegoría aparte de su revelación y de su verdad. El arte, utilizando la imagen, no refleja solamente sino que realiza esta alegoría" (p. 54).

"La discusión sobre el primado del arte o de la naturaleza -¿imita el arte a la naturaleza o la belleza natural imita al arte?- desconoce la simultaneidad de la verdad de la imagen" (p. 55).

"La imagen como ídolo nos lleva a la significación ontológica de su irrealidad.

Decir que la imagen es ídolo -es afirmar que toda imagen es, a fin de cuentas, plástica y que toda obra de arte es, a fin de cuentas, estatua- una suspensión del tiempo o más bien su retraso sobre sí mismo...

La estatua realiza la paradoja de un instante que dura sin porvenir" (p. 57)

"El arte cumple precisamente esta duración en el intervalo, en esa esfera que el ser puede atravesar, pero donde su sombra se inmoviliza. La duración eterna del intervalo en que se inmoviliza la estatua difiere radicalmente de la eternidad del concepto..." (p. 62).

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